lunes, 19 de noviembre de 2012

El niño del paso de cebra

En un país de paletos tuvo que llegar Miliki para demostrar que "payaso" no es un insulto sino una profesión de las mas dignas y difíciles que uno puede ejercer.

Muchas Gracias por esas tardes que me pase embobado frente al televisor. De Corazón (P)

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Iba yo circulando en mi modesto utilitario por el barrio en el que habito, al girar una esquina me encontré con  un paso de cebra, con su dibujo característico, su medida reglamentaria y el color adecuado para la situación, un blanco inmaculado, al final del paso de cebra estaba la acera y sobre la acera un niño de edad incierta, yo le calculé unos doce años.

Recién salido de trabajar y con pocas ganas de complicarme la existencia decidí parar el coche ante el paso de cebra, ademas de lo anteriormente expuesto paré entre otras cosas porque era mi obligación, aunque precisamente por ser una obligación la mayoría de españoles no habrían parado.

Ahí estaba el niño, dubitativo y sorprendido de que alguien le cediera el paso en un sitio obligatorio para ello, me miró y le indiqué que pasara con un ligero movimiento de cuello y el niño pareció quedarse petrificado. Recuperó el movimiento para indicarme con la mano que pasara y pestañee mientras me quedaba mirándolo.

Con toda la gente que hay andando por la ciudad me tenía que haber tocado el niño del paso tímido, casi habría preferido el típico abuelo que corre al paso de cebra cuando ve llegar un auto y cuando ha logrado que el desprevenido conductor derrape con su coche y lo deje a solo dos centímetros del paso lo cruza a la misma velocidad que una tortuga coja mientras se ríe de forma disimulada.

El chico insistía con la manita como si me estuviera toreando, insistía en que pasara. "Pues no voy a pasar" era el pensamiento que no llegaba al destinatario adecuado, arquee las cejas implorando un paseo suyo de una acera a la otra, como si nada. Lo intenté por medio de telepatía "no te voy a atropellar, pero como sigas en ese plan no voy a tener mas remedio que subir el coche a la acera para que veas lo que es bueno", no surtió efecto.

Tras unos segundos de calma tensa decidí pasar a la acción, puse cara de mala leche, le señalé con un dedo y le indique con el mismo dedo la dirección a seguir, esto lo espabilo de forma casi sobrenatural, corrió a través del paso de cebra como el mismísimo diablo, que no esta claro a que velocidad corre pero queda muy bien escribirlo, y yo proseguí mi camino sin mas contratiempos.

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